NONSENSE
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La roca se curva
Sobre los valles trasparentes
Donde habitan las almas
Incoloras de quienes
Han dejado sobre las sábanas
Un rastro de dulzura.
Hay un ave que todo lo sabe
Y se mece entre las copas
Azules de algún árbol enterrado entre las flores.
La perspectiva se ahonda
En los lugares desiertos
Y cae sobre un santiamén
De deliciosos insectos verdes.
La noche resbala entre pinos
Suspirando otra vez
Por la pérdida de un diamante.
Los enanos pasean desprovistos
De sombra entre acantilados
Que cortan con sus garras
Nidos de buitres inmensos
Esperando la sola transición
De un hecho a un espasmo
Transversalmente insólito.
¡Rico atardecer de pimienta!
El rey bonachón se sienta
Sobre un trono de matas
Y las espinas se encuentran
Con su manto dorado
De caracoles angustiados.
Los súbditos vuelan
Bajo la sombra de un sauce
Y giran como atontados
Con eterna parsimonia.
No hay pueblo
En las cercanías.
La abeja reina se pudre
Entre las celdas de miel;
Pronto descansará en el lecho
Mortuorio con una langosta.
Un coro de viejos rotos
Por espejos se balancea
En los confines marchitos
De una playa cubierta
Por helechos y mugre
De cientos de ovejas.
Hay paz? Hay paz?
Gritan las aves desafinando
Y el coro de ancianos
Largamente les pega.
¡Rico atardecer de pimienta
Estropeada por los gérmenes
de una legión de estornudos!
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La roca se curva
Sobre los valles trasparentes
Donde habitan las almas
Incoloras de quienes
Han dejado sobre las sábanas
Un rastro de dulzura.
Hay un ave que todo lo sabe
Y se mece entre las copas
Azules de algún árbol enterrado entre las flores.
La perspectiva se ahonda
En los lugares desiertos
Y cae sobre un santiamén
De deliciosos insectos verdes.
La noche resbala entre pinos
Suspirando otra vez
Por la pérdida de un diamante.
Los enanos pasean desprovistos
De sombra entre acantilados
Que cortan con sus garras
Nidos de buitres inmensos
Esperando la sola transición
De un hecho a un espasmo
Transversalmente insólito.
¡Rico atardecer de pimienta!
El rey bonachón se sienta
Sobre un trono de matas
Y las espinas se encuentran
Con su manto dorado
De caracoles angustiados.
Los súbditos vuelan
Bajo la sombra de un sauce
Y giran como atontados
Con eterna parsimonia.
No hay pueblo
En las cercanías.
La abeja reina se pudre
Entre las celdas de miel;
Pronto descansará en el lecho
Mortuorio con una langosta.
Un coro de viejos rotos
Por espejos se balancea
En los confines marchitos
De una playa cubierta
Por helechos y mugre
De cientos de ovejas.
Hay paz? Hay paz?
Gritan las aves desafinando
Y el coro de ancianos
Largamente les pega.
¡Rico atardecer de pimienta
Estropeada por los gérmenes
de una legión de estornudos!
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